Menú principal Quiénes somos Lecturas Productos Revista Suscribete
Lecturas




      Te alabo, oh Señor. Alábente también todos los pueblos. Has satisfecho mis deseos y puesto un cántico nuevo en mis labios, himnos de júbilo y de alabanza. Me has sacado del pozo en que me sumí cuando cometí el error de recriminarme, de menospreciarme, de rebajarme. Me has liberado de las cadenas del yo y me has demostrado que puedo remontarme por encima de los confines de mi razonamiento a fin de fundirme en gozosa unión contigo.
       Eres maravilloso, Señor mío, y mi alma lo sabe muy bien. Conoces y mides cada uno de mis pasos. Me has guardado de caer. Sólo has permitido aquellos deslices y tropiezos que me iban a acercar a Ti. Oh Dios, te doy gracias por todos Tus mandamientos, que son rectos y verdaderos.
       Te agradezco Tu amor sin límites, que nunca me ha decepcionado ni me ha abandonado. Te agradezco aun mis imperfecciones y debilidades, y los fallos que cometo, pues me hacen ver mis limitaciones y me impulsan a acudir a Ti. Te agradezco, Dios mío, todo lo que haces por mí, cada una de las maravillas que obras a mi favor. Mas que nada, te agradezco el cariño, la seguridad y la alegría que me transmite Tu presencia. Te agradezco que a cada paso que doy me acompañas y me sustentas con Tu poderosa diestra.